Ahí estaba el mismísimo Torrentini saltando repetidas veces al mágico son de La Bottine Souriante. Conservaba todavía algunos cabellos(pocos pero bien colocados), y tenía esa fuerza en la mirada que heredó de Obi Wan. A su lado, el viejo Kust con su muñequera de cuero tachonada de chinchetas en forma de estrella, mantenía la tranquilidad del que sabe, pero no lo difunde, como va a terminar la noche. Ambos se fueron antes de que terminara el concierto, Torrentini con ese aire desenvuelto que caracterizaba sus movimientos, aunque en este caso un poco alterados por la necesidad de llegar cuanto antes a los servicios, mientras que Kust mantenía su poder de introspección y se aislaba completamente de lo que le rodeaba. La aurora los envolvió con su luz rosada pero ellos ya no la vieron enredados en sus sueños.
Sobre Osvaldo Guariglia (1938-2016)
Hace 10 años
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