jueves, 26 de junio de 2008

Nickel Creek "When in Rome"

Entonces llegué a Roma, que era a donde conducían todos los caminos.
Después me dije, imposible salir de Roma, ya que si todos los caminos conducen aquí tome el camino que tome me traerá de vuelta.
Era mentira, por un módico precio te podías desplazar de nube en nube y dejarte caer en el sitio que quisieras. Caía y caía y todo a mi paso desaparecía.
Olvide el lugar de procedencia de los nísperos que comía. Recorte gastos y publique un libro de oraciones, de uso común en la guerra de los Mirmidones.
Trabajé de alfarero con un guardia jurado; mientras él juraba que trabajaba, yo trabajaba jurando en arameo. Fue una mala asociación y lo dejamos; sin acritud.
Vendía almendras tostadas y cortaúñas. En los ratos libres limpiaba casas y pintaba rejas. Eran momentos de máximo rendimiento económico, hasta incluso pensé en establecerme y fundar una familia, un emporio o algo así. Así que me puse a buscar esposa y conocí mujeres que, como todas, nunca me dijeron que sí. Tal vez no me entendieran ya que les hablaba en latín y lo hacía dándoles la espalda.
Ante tanto fracaso, fiasco, chasco, me di cuenta que el fallo estaba en mi, y decidí arrojarme a las aguas purificadoras (devoradoras más bien) del Tiber, y entonces cuando ya me faltaba el aire y me ahogaba sin remisión, vino mi madre y me despertó.

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