viernes, 27 de febrero de 2009

Perfecto

Un día volví al pueblo de mis abuelos. Estaba Torrentini allí, era el concejal de comunicaciones y divertimentos varios. Comía gratis todos los días y además se enrollaba con las dos mujeres que quedaban, ambas viudas y setentonas, con lo que no desentonaba. Pensaba construir un polideportivo para vacas y perros. Incluso meditaba una moción de censura contra el alcalde, que martes y jueves era él. Lo vi mayor, aunque en forma, también lo vi lejano pero integrado en el paisaje, viernes y domingos era un árbol.Me alegré mucho de verlo y así se lo hice saber. El no me contestó , tenía una expresión inefable, de bondad intrínseca. Era sábado y era una piedra.

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