lunes, 16 de junio de 2008

"Están buenos estos buñuelos, Caroline"


Una mañana de junio me sitúo delante de una iglesia. Es temprano pero la gente ya va a velocidad ciudadana, esquivando obstáculos automáticamente, y deteniéndose lo justo para que el semáforo(gran invento) cambie de color. El primer servicio es a las 9. A esa hora sólo algunas mujeres y el cura “de guardia” pasan a la iglesia. Yo salto repetidas veces sobre mi única pierna y abro mi boca en una mueca que pretende ser una sonrisa, mientras mi mano izquierda se tiende en un afán de relación cordial con la feligresía. A cambio varias miradas reprobadoras y una moneda de veinte céntimos. Mi cara es el espejo de mi alma, no hace falta preguntar. Ya lo decía Torrentini, “con la iglesia henos topado”, frase ocurrente que le supuso la expulsión del colegio de curas .La consecuencia , una clara aversión a cierto tipo de series televisivas con las que, en su más tierna infancia, rellenaba tardes de domingo.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Si Caroline se hubiese dedicado plenamente a la bollería, ¿le habrían llamado bollera?